Las voces eternas de Pedro Infante y Carlos Gardel en la galaxia sentimental

POR HUMBERTO VÉLEZ CORONADO

Texto publicado originalmente en la revista musical LA LIRA de la ciudad de Barranquilla (Colombia)

En la galaxia sentimental de nuestros pueblos, existen unos nichos memoriosos destinados a recordar los  aniversarios luctuosos  de sus más caracterizados ídolos de la canción. Es así como los amantes de la música popular, al igual que la iglesia de sus mayores, también poseen  su propio santoral; y como fieles devotos, conmemoran religiosamente sus onomásticos. Allí están cada uno de los  que fueron acogidos  por el gusto inapelable del público, teniendo cada quien su favorito en ese inmenso panteón, en que las revistas y emisoras especializadas se encargan, de recordar sin falta sus obituarios, retroalimentando así una afición que no cesa en el tiempo.

Pero en esos olimpos también se suscitan luchas con el propósito de escoger a los mejores, a fin de que resplandezcan por siempre, imbatibles en lo más alto del podio. Y solo llegarán, los que a través de sus existencias hubiesen conjugado,

LOS TRES CIMIENTOS DEL MITO

Que  el tiempo y la experiencia los formularon así, a saber: A sus indudables condiciones de ídolo, fuera de serie, dueños de un desbordante carisma, en cuyos espejos se pueda mirar el pueblo, de cuyas entrañas debe provenir, a su imagen y semejanza, como un narciso redivivo. Al hecho de que padecieran un fallecimiento trágico, en la plenitud de sus carreras; y a que se fueran en el clímax de su fama y cuando aún no peinaban canas, quedando sus rostros congelados en una perdurable juventud, por toda la posteridad.

La gloria que por su parte, también pone su granito de arena, termina acabando con las aspiraciones de aquellas figuras cargadas de grandes merecimientos, pero también de años, pues de lo primero que la esquiva grandeza  abomina son de las arrugas. Por cuanto el fervor popular se mostraría poco receptivo en circunstancias similares, si se tratare, pongamos los casos de Cantinflas, Daniel Santos y Miguel Aceves Mejía, entre otros, por el mero expediente de ser unos ancianos al momento de su despedida  Los seguidores del genial mimo, con pena ajena en el corazón, no olvidan fácilmente la interpretación del avejentado barrendero, cantando y bailando con la escoba, en la película del mismo nombre, lo mismo  las imágenes del Jefe sentado, tratando de recordar la letra de sus canciones y las del Rey del Falsete, en una caricatura de sí mismo, en su último concierto en Las Vegas, Nevada.

Celosa igualmente con el requisito relacionado con la procedencia humilde por parte del candidato. Seguramente hubiese descartado, valgan los ejemplos, a los tenores Alfonso Ortiz Tirado, ortopeda y dueño de clínica y Fernando Albuerne, heredero de una  afamada fábrica de perfumes en Cuba.

Después de la escogencia, comenzará a convivir por toda la eternidad, al lado de todas nuestras creencias más enraizadas, prejuicios, supercherías, imposturas, artificios, fiestas patronales, hábitos alimenticios, la divisa deportiva preferida, amores y odios seculares y todas aquellas cosas que hacen parte de nuestro extenso y disímil imaginario popular

PEDRO INFANTE Y CARLOS GARDEL

La historia, en su infinita sabiduría, en ese calendario tachonado de cientos de efemérides, ha señalado con dedo certero el 15 de abril y el 24 de junio, las fechas de los fallecimientos de Pedro Infante y Carlos Gardel,  los dos iconos más grandes de la canción de todos los tiempos del mundo de habla hispana, por la fervorosa admiración que el público les tributa, a pesar del implacable paso del tiempo; y de su hijo putativo, el olvido.

La voz del gaucho cantor se escucha en cualquiera de nuestras latitudes latinoamericanas, pasando con mayor intensidad,  por los meridianos de  Buenos Aires y Medellín, ciudades que se disputan entre sí, el calificativo de ser la más tangueras del mundo.

Aconteciendo lo mismo con el hijo de Moctezuma, a quien en su país de origen,  trasmiten todos los fines de semana, para solaz de sus miles de seguidores, una y otra vez, las películas que lo convirtieron en el ídolo del pueblo por antonomasia.

A partir de sus voces, el Tango y la Ranchera se empezaron escuchar con una entonación diferente, pues uno creo el tango canción con Mi Noche Triste en 1917 y el otro, el bolero ranchero, con Cien Años en 1953 adquiriendo estos aires, desde entonces  una nueva carta de ciudadanía, a nivel mundial.

Además entonaban sus canciones con un brío inusitado, que el disco se encargó de recoger, por miles, así como sus roles cinematográficos que dejaron una huella tan indeleble, que la admiración profesada no se ha interrumpido hasta la fecha.

Por último, sus personalidades carismáticas interpretaron cabalmente los sueños y ambiciones de un pueblo, en lo cual  el proletario y el magnate –curiosamente- estuvieron de acuerdo con tal conclusión

VIDAS PARALELAS

Son tantas las coincidencias existentes, que debemos establecer un paralelismo entre sus vidas a la manera de las concebidas por Plutarco, puesto que guardando las proporciones, tuvieron el carácter de paradigmáticas.

Ambos provenían de cunas humildes, uno era carpintero, miembro de una numerosa prole y el otro, hijo único de una lavandera francesa obligada a emigrar a la Argentina, con su retoño, al ser rechazada por su familia, ayudándole en sus labores haciendo mandados en el  mercado municipal de la ciudad de Buenos Aires, donde se radicaron al llegar del viejo continente. Allí alternaba el trabajo con los estudios, pudiendo finalizar la primaria con buenas calificaciones, pero luego hastiado de la miseria, abandonó la escuela y se dedicó a cantar en los cafetines, y empezaron a llamarlo el zorzal criollo y con respecto al ídolo de guamúchil, su esposa, diez años mayor que él, fue quien le enseñó las primeras letras, mejorándole además su rustico comportamiento, al arribar a la capital, en busca de mejores horizontes.

Estas dos mujeres ejercerían en sus vidas un papel preponderante, con ribetes freudianos. En aquel, el amor excesivo hacía su progenitora le impidió formalizar cualquier matrimonio y siempre tuvo una novia que se envejeció esperándolo, mientras el otro, mujeriego empedernido, con varias uniones a cuestas, siempre volvía una y otra vez adonde María Luisa León, su primera y legitima esposa.

HILOS CONDUCTORES

Se fueron para siempre cuando  estaban cuarentones y en la plenitud de sus carreras, a raíz de un fallecimiento trágico –ambos calcinados en sendos siniestros aéreos-. Pedro Infante murió en su ley, ya que volar constituía su más acendrada pasión y Carlos Gardel perdió la vida en una mala jugada que le deparó el destino, al cambiar de aerolínea a último momento. A alguien que fue un apostador consuetudinario en los hipódromos de las más famosas capitales del mundo.

Aunque les correspondió vivir en épocas y ambientes distintos, mediando una diferencia de veinte y siete años entre sus nacimientos. Conocieron –entre dos guerras mundiales-  el surgimiento  y desarrollo de los nuevos inventos de la radio, el cine y la industria discográfica, de los cuales llegarían a ser protagonistas principales. Y de la aviación, a cuya trayectoria estuvieron fatalmente unidos, Nada presagiaba una carrera venturosa. Un jovencito merodeando bares y teatros de la calle Corrientes y el otro, cantando por dos pesos con los mariachis de El Tenampa en la plaza de Garibaldi.

Sin embargo en su interior tenían el don inapreciable de la voz. Una de esas destrezas, que la providencia, tan solo reparte, con ánimo de tahúr, a los mimados de la fortuna, dentro de su indescifrable sino. Dos tesituras que rápidamente llamaron la atención de Buenos Aires y Ciudad de Méjico, las dos mecas del mundo del entretenimiento a nivel latinoamericano. No pasaron muchos días, cuando aquel conformó un dúo en 1910 con José Razzano, uno de los mejores payadores de su época y éste último empezó a cantar en 1939 en la XEW, una de las más escuchadas de la américa latina. Siendo desde entonces, lo demás historia. Desde el preciso instante en que tuvieron la certeza de que  la consagración estaba a la vuelta de la esquina, iniciaron una vertiginosa maratón de realizaciones contrarreloj, durante sus últimos veinte años de vida, en pos de alcanzar las más altas cimas de la popularidad. Gardel se dedicó más a grabar discos y a  presentaciones personales en el cono sur y parte de Europa. Llegó a  la cifra record de 1.200 grabaciones (cantidad solo similar a lo hecho en esa materia por Daniel Santos y Julio Jaramillo en nuestro medio). En contraste con las 344 apariciones de Pedro Infante en estudio, que se dedicó más a a filmar películas (en  número de 62), en un ritmo agotador de tres y cuatro por año, en menos de dos décadas de actividad profesional.

El Rey del Tango tan solo en 1931 pudo realizar su primer filme Las Luces de Buenos Aires y seis más en los años sucesivos, en Paris y Nueva York, que fueron muy bien recibidos por los países de habla hispana, en donde solo lo conocían a través de sus discos. . Justamente este fue el motivo principal de su última gira a Centro y Suramérica; palpar el grado de popularidad que pudiera tener en esas latitudes geográficas. Justo cuando había cumplido 44 años de edad y su situación económica no era la mejor. Como un Cristóbal Colon, con los mejores auspicios y grandes esperanzas, iba a descubrir una tierra desconocida.

SUS MODUS OPERANDI

Ambos tenían la costumbre de trabajar a destajo, con remuneración inmediata, contante y sonante. Vivían el momento sin pensar en el porvenir, embebidos por el aura de la fama, de creerse inmortales, Por razones temperamentales, no los animó nunca el afán de crear en torno a sus actividades profesionales un emporio empresarial, a la manera de Mario Moreno Cantinflas –y teniendo las mismas aptitudes-, quien al darse cuenta de su valía, desde sus inicios, supo negociar su ingenio con el gran capital, en términos muy ventajosos, convirtiéndose en artista exclusivo y socio mayoritario de Posa Films, la productora de todas sus películas. Como lo hicieran después Antonio Aguilar y Vicente Fernández. Mientras ellos tenían que estar esclavizados a una labor abrumadora, Cantinflas se daba el lujo de hacer una película cada seis meses, para no tener que competir en la taquilla consigo mismo. El propio Pedro Infante se ufanaba de dicho convenio, de trabajo realizado, trabajo pagado, al afirmar: “…A mí me pagan lo que les pido, porque no me gusta hacer números y no entiendo mucho de regalías y así que para que (sic) nos vamos hacer bolas.”. Desgraciadamente tal proceder tuvieron para ambos consecuencias nocivas que se tradujeron en malas inversiones y en decisiones equivocadas a la hora de escoger a los socios y representantes, pero la más triste y desoladora fue que luego de sus desapariciones, todo la fabulosa ganancia que produjo y aún sigue generando  todo ese inconmensurable legado artístico, quedó en manos de la Peerles,Odeon,RCA Victor,La Paramount,Los Hermanos Rodríguez y otros, sin que sus herederos jamás recibieran un solo centavo, hasta el extremo de no poder hacer uso de sus imborrables imágenes.

SUS ÚLTIMOS DÍAS

Carlos Gardel, el 31 de enero de 1935, estuvo bastante eufórico, al reunirse por fin, en el muelle del puerto de Nueva York, con sus guitarristas Aguilar, Barbieri y Riverol, procedentes de Buenos Aires, que acudían a su llamado para acompañarlo a la  gira, que desde tiempo atrás, venía organizando. El lugar le trajo recuerdos de la primera vez que fondeó aquí dos años antes, desencantado por no haber recibido más ofertas por parte de la Paramount en Paris, que lo indujo a venir a la capital del mundo, a entenderse personalmente con los directivos de dicha productora cinematográfica.

Pero ahora la situación era muy distinta, en su papel de conquistador de la Gran Manzana, el tango se escuchaba por todas partes. Contaba con dos grandes éxitos de taquilla, a su haber rodados en los estudios de Long Island:”Cuesta Abajo” y “Tango en Broadway”, varias emisiones radiales en la NBC y una veintena de discos grabados con la RCA Víctor con la orquesta de Terig Tucci.En el mes de febrero culmina la filmación de dos más: “El Día que me Quieras” y “Tango Bar”. Los días 19 y 20 de marzo, a menos de una semana de la partida, los destinó a una emisión en la NBC y ese mismo veinte regresó en las horas de la noche a los estudios de la RCA Víctor a grabar las restantes trece canciones con orquesta, que serían las ultimas que grabaría en su vida, acompañadas de un mensaje dirigido a su público hispanoamericano, adonde les anunciaba que muy pronto, tendría el gusto de saludarlos personalmente.

Aunque el recorrido a las islas antillanas y parte de Venezuela se iba a llevar a cabo en barco. En lontananza existía un inconveniente, las presentaciones en el interior de Colombia, por lo escarpado de su geografía, debían realizarse por vía aérea, y Carlos Gardel jamás había  abordado con anterioridad esta clase de aparatos, por lo que sentía una gran aprensión  al momento de darle cumplimiento a este último tramo de la gira.

A principios del fatídico año de 1957, Pedro Infante había realizado una extenuante gira de tres meses por Venezuela y Perú, que finalizó a finales de marzo, con una ganancia de 80.000 dolares,libres de polvo y paja, como decían los mejicanos, pero que le hizo mella en la salud, sobreviniéndole un severo agotamiento, a raíz de los quebrantos de su diabetes crónicas, por lo que sus médicos le aconsejaron un largo reposo para recuperar fuerzas, pues se aproximaba el rodaje de varias películas, entre ellas el primer filme hollywodense,con el tentativo título de El Charro y el Cowboy. Desde hace algún tiempo, se había radicado en el puerto de Mérida, Yucatán, un paraíso tropical, en el que pasaba relativamente inadvertido, a diferencia de la populosa Ciudad de Méjico, donde no podía salir a la calle ni ir a cualquier sitio, sin que se formaran aglomeraciones a su alrededor y las congestiones de transito que ocasionaba su presencia, condenado a llevar una vida de ermitaño, en que ya peligraba su salud mental. Acá estaba a sus anchas, gozando del cariño  de una de las más bellas localidades de la península yucateca. Allí no dejaba de darle rienda suelta a su afición preferida, que ya se había convertido en una adicción, entreteniéndose con los aviones de su empresa Tamsa, que estaba conformada por unos viejos bombarderos de la segunda guerra mundial, que se acondicionaron para carga, pero que carecían de un buen servicio de mantenimiento. Un negocio con algunas desventajas, que tenía con Antonio Matouk, su nuevo socio, un comerciante muy astuto, que se había ganado la confianza del actor. Los días transcurrían en medio de una  paz como nunca antes había podido disfrutarla, lejos del trajín agobiante de una agenda constantemente apretada. Ningún nubarrón se cernía sobre su horizonte. ¿Sería acaso la calma que precede a la tempestad?

EL EPÍLOGO

Tras su exitosa presentación en Cartagena la siguiente escala de Carlos Gardel era Medellín, en lo que iba a ser su prueba de fuego, que tanto lo atemorizaba, el 10 de junio de 1935 iba subir por primera vez a un avión, desde cuándo, exactamente 66 días atrás empezó su gira, partiendo del puerto de Nueva York en el lujoso vapor Coamo con destino a Puerto Rico, Venezuela, Aruba y Curazao, incluso la llegada a Barranquilla, por el embarque de Puerto Colombia, todos los trayectos se continuaron realizando por vía marítima. En efecto, pudo más su deseo de cumplir, que abordó con visible nerviosismo y encomendándose al Creador, el Ford 31 de tres motores de la Scadta, que lo conduciría a la ciudad considerada como la más tanguera del país, donde se presentó durante tres días en el Circo-Teatro, con capacidad para seis mil personas. El 14 viaja a Bogotá en el mismo avión, para cumplir su más extenuante itinerario de actuaciones, desde ese día, en los mejores teatros de la capital, que se alternaba con la exhibición de una película hasta el 23 de junio inclusive, un día antes de la fatídica fecha, método que no le gustaba al artista, no reportándole los beneficios previstos, pero que esperaba, como buen jugador, resarcirse con el concierto en el Teatro Jorge Isaac de la ciudad de Cali, que tenía asegurada toda la boletería de sus cinco mil asientos. Pero a raíz de lo anterior, para este viaje, cambió de línea, acogiendo la oferta de brindarle mejores condiciones que le hizo el propietario de SACO, que había comprado dos Ford 31 nuevos, para competir con la Scadta,prometiéndole llevarlo personalmente a la Sultana del Valle, luego de la escala técnica en Medellín, para aprovisionarse de combustible. Aceptó con resignación, esta nueva incomodidad, pensado que sería el último compromiso en Colombia, antes de partir para la Habana y Ciudad de Méjico, en que los contratos iban a ser más remunerativos, inclusive posiblemente con filmación de películas, de por medio. Pero los hados no lo acompañaron en esta oportunidad, a pesar de que el primer trayecto fue inmejorable, el cambio de piloto, en la ciudad de la eterna primavera fue funesto. El absurdo una vez más hizo de las suyas, provocando un horroroso accidente, al momento de despegar, que segó muchísimas vidas, entre ellas, la de una verdadera leyenda, que produjo una conmoción enorme y  que vive todavía en el corazón de la humanidad, hasta el punto de que la UNESCO, ha incluido en su programa de Memorias del Mundo, el legado artístico de Carlos Gardel,

Antes del 15 de junio de 1957, como un trueno en cielo despejado, de improviso, la fatalidad con tintes shakesperianos se cernió sobre la existencia de su estrella más popular Pedro Infante. Los periódicos en grandes caracteres difundieron la noticia de la declaración de ilegalidad de su matrimonio con Irma Dorantes, que podría traer como consecuencia la comisión del delito de bigamia, aunado  a los llamados angustiosos tanto de la legitima esposa como de la actriz, de hacerse presente en el término de la distancia en la capital, que después afirmarían que fueron las causantes de su muerte, precipitaron los acontecimientos por todos conocidos, obnubilando su capacidad de razonar y actuando, como si hubiese estado en un set de filmación. En vez de viajar en una línea de aviación comercial, o de remitirle un poder a un representante judicial, optó por irse de copiloto en el Liberator B-24, que con anterioridad había sufrido un percance. Circunstancia que aprovechó la empresa para sobrecargarlo a las carreras, con una mala estibación, sabiendo que con la presencia del astro, iba a pasar inadvertida tal irregularidad en la aduana. Una suma de eventualidades que produjo esta tragedia, que en su momento más hondamente consternó a un continente entero, por la súbita pérdida de su icono más querido, que aún en romerías anuales, continúan visitando su tumba.

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