Del fecundo repertorio de Marcelino Guerra RAPINDEY

POR HUMBERTO VÉLEZ CORONADO

Texto periodístico publicado originalmente en la revista musical LA LIRA de la ciudad de Barranquilla (Colombia)

En la época dorada de la música cubana Rapindey surgió como notable compositor para dar vida a temas considerados clásicos de la música antillana como los boleros Convergencia y A mi manera, la guaracha Pare, cochero, o la guajira son Me voy pa´l pueblo.

En 1944 abandonó Cuba para siempre y se trasladó a Nueva York, donde compuso para Frank Grillo, Machito, y su hermana Graciela, siendo testigo de primera clase de la fusión entre la música cubana y el be pop estadounidense, trabajando con Dizzy Gillespie, Chano Pozo y Tito Puente, quienes contribuirían junto a otros músicos como Miguelito Valdés, Mario Bauzá y Anselmo Sacasas llegados a Estados Unidos para refrendar su consagración en la búsqueda de un mejor porvenir, al igual que muchos otros compatriotas que, en esos años cuarenta y cincuenta, iban y venían, haciendo un recorrido enriquecedor entre La Habana y Nueva York.

COMO SE FORJÓ EL CRISOL

Los aislamientos y discriminaciones, por demás injustos,  que los inmigrantes sufrieron  en los guetos, en un entorno hostil de la capital del mundo, dieron vida al crisol que ayudó a formar una corriente musical que aún sigue subyugando a un enorme publico multiétnico que degusta las delicias de este folclor pleno de ricas tendencias rítmicas, del cual rapindey fue uno de sus mejores exponentes. Además de compositor y guitarrista, fue una competente segunda voz, que hizo parte de muchísimas agrupaciones, tanto dentro como fuera de la Perla de las Antillas y que, sin llegar a las astronómicas cifras de composiciones de Arsenio Rodríguez o de un Lily Martínez Griñan,compuso algunas que todavía continúan sonando por doquier.

SUS INICIOS

Nacido en Cienfuegos en el primer tercio del siglo pasado, en donde una abuela se hizo cargo de su crianza, ante la muerte temprana de su progenitora, que lo bautizó con el apodo de rapindey, por el que se le conoció  durante toda su vida, por la celeridad con que le hacía los mandados. Inclinado desde muy joven a la música, tuvo la ocasión de descollar tempranamente en estos menesteres y sin cumplir la mayoría de edad, ya estaba presente en la rutilante Habana en los años treinta, cuando gravitaba el imperio de los nacientes sextetos, en donde por sus excelente cualidades, era disputado por los principales elencos de la ciudad. Como de niño ya cantaba en su pueblo los éxitos del Sexteto Habanero, por fin pudo cumplir su sueño de militar en las filas de tan famosa agrupación, cuando su director Felipe Neri lo llamó para trabajar a su lado, donde permaneció dos años, luego hizo lo mismo en el septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, donde se encontró con los noveles cantantes Bienvenido Granda y Joseito Núñez, pero era tal el grado de intensidad profesional que se vivía por ese entonces, que a Marcelino Guerra se le hizo fácil pasar a otras orquestas en un tiempo record, convirtiéndose muy rápidamente en el músico que estuvo en el mayor número de agrupaciones de 1931 a 1944, haciendo parte además del Sexteto Nacional de Ignacio Piñeiro, el Sexteto Cauto, el Trio Oriental, el conjunto de Arsenio Rodríguez, el cuarteto Hatuey, el conjunto Siboney de Isolina Carrillo y la orquesta de Mariano Mercerón, entre otras, hasta cuando fue convocado en 1944, -al ser escuchado cantar por un alto ejecutivo en el cabaret Tropicana-, a trabajar en los EE.UU,en lo que vendría a ser su etapa más productiva y exitosa en tierras norteamericanas, teniendo ya en su haber dos soberbias composiciones como fueron Convergencia y Pare Cochero , en combinación con  otros destacados artistas de la época, fuera de otras, como Siguiendo la Melodía de su propia inspiración.

EN LA TIERRA DEL TÍO TOM

A diferencia de los personajes de Gabriel García Márquez, rapindey sí tuvo su segunda gran oportunidad, cuando  contratado como compositor y arreglista por una prestigiosa editora musical, llega a Nueva York, en un año bastante difícil en que el país del norte estaba en guerra en dos frentes tanto en Europa, como contra los nipones en el sudeste asiático, pero en la Gran Manzana, la farándula continuaba igual, puesto que constituía un enorme aliciente emocional, tanto para los que se quedaron trabajando en las fábricas y oficinas, como para los que peleaban en el frente, que escuchaban a través de la radio en la lejanía, los ritmos y canciones de moda.

Una vez instalado en el Harlem español, el lugar de convivencia  de los cubanos recién llegados, empezó una intensa actividad, participando como compositor, guitarrista y cantante en diversas orquestas, como las ya señaladas de Dizzy Gillespie, Chano Pozo, Tito Puente, Machito y sus afrocubanos, al lado de Mario Bauzá, en la dirección y los arreglos, como también los de Arsenio Rodríguez, Mongo Santamaría y Tito Rodríguez. Entre 1945 y 1953, se registran más de noventa grabaciones realizadas con su propia orquesta, con su conjunto batamú y diferentes agrupaciones, con los sellos Coda, Verne y Ansonia, en cuya lista aparecen más de diez composiciones a nombre de su esposa Mercedes Valdés, para evadir obligaciones contractuales.  En 1949 el trío Los Panchos le graba su éxito Me Voy pa’l pueblo. Dirige su propia orquesta y el conjunto Batamú hasta  1954, año en que, hastiado por un ambiente artístico enrarecido por la droga y el racismo reinante, a lo que se sumó un mal divorcio, decidió ingresar en la marina mercante por una década, olvidándose por completo de su pasado musical. Retoma su labor habitual en 1964, haciendo parte del sexteto La Playa en su mejor momento, luego estuvo con el tresero puertorriqueño Luis Lija Ortiz, al lado de Panchito Rizet. Más tarde con el cuarteto Los Dandys de Jhonny Seguí.  Tomó parte en trabajos discográficos producidos por Rubén Blades y Eddie Palmieri, hasta cuando decide retirarse en 1970 y se radica en el pueblo de Alicante, donde organiza un nuevo hogar con una dama española, arrullado por las olas de su querido mar, que le recordaban su niñez en Cienfuegos.

RAPINDEY CABALGA DE NUEVO

Del lugar paradisiaco donde le había puesto término a su afán andariego, lo saca en 1976 Mario Bauzá su viejo compañero de andanzas profesionales, para fundar un nuevo conjunto con el flautista Armando Sánchez, al que llamaron Son de la Loma, que impactó mucho en el circuito de la salsa en el alto Manhattan, pero fiel a esa divisa suya de no permanecer demasiado tiempo en ninguna agrupación, pasa al Conjunto Libre de Manny Oquendo, con quien graba el álbum Los Líderes de la Salsa, fondeando por ultimo en la orquesta de Joe Cotto. Por enésima vez, regresa desandando el camino, a su acogedor rincón en la madre patria, donde lo habían tratado tan bien  en su largo exilio, lejos de su querido terruño al  que tanto añoraba. Al respecto el musicólogo Tony Évora decía: “A Marcelino lo quieren todos, por su decencia y simpatía, porque nunca ha estado metido en líos.” Pero el destino decidiría otra cosa.

En 1995, lo arrancan de nuevo de su apacible retiro en tierras valencianas. En esta ocasión fue la disquera Nube Negra, para grabarle en Madrid un álbum doble en homenaje a este extraordinario músico y a su imborrable legado, con la intervención de los siguientes artistas:

Reinaldo Hierrezuelo, Francisco Repilado (Compay Segundo), Pancho Amat, Joselito González, Amado Machado, y Omara Portuondo, interpretando con el invitado especial sus más destacadas obras: Convergencia, pare cochero, siguiendo la melodía, maleficio, que música más linda, oye mi son, fuiste cruel, me voy pal pueblo, prietita, a bailar con el niche y otras más.

OVACIONES AL CAER EL TELON

No está demás recordar que aquel evento fue un antecedente, para que el guitarrista norteamericano Ry Cooder y el cineasta Wim Wenders, dos años más tarde, con su cruzada internacional apellidada Buena Vista Social Club buscaran revivir las viejas glorias de la música cubana, que se habían quedado olvidadas en la isla, dedicados a los oficios más modestos como lustrar zapatos o doblar habanos, lejos de los añorados escenarios, padeciendo lánguidamente las ingratitudes de los nuevos tiempos, que estaban engolosinados en promover a los jóvenes talentos, logrando rescatarlos y así proyectarlos a nivel mundial y ser reconocidos en distintos auditorios por las nuevas generaciones. Y conseguir de paso, que al final de sus vidas alcanzaran la gloria, los premios, la aceptación unánime del público en todo el mundo. Y lo que es más importante, conseguir al fin una situación económica desahogada, pudiendo cumplir con todos sus sueños y fantasías. Aunque demasiado tarde, cuando ya cargaban penosamente con los achaques propios de un adulto mayor. Manuel Puntillita Licea se fue en el 2000.Compay Segundo y Rubén González en 2003.Ibrahim Ferrer en 2005 y por ultimo Pío Leyva en 2006.

Así como ellos, Marcelino Guerra, pudo saborear una vez más las mieles del éxito a tan avanzada edad, con muchas presentaciones en diversos lugares del mundo y el lanzamiento de nuevas producciones discográficas. Yéndose primero que aquellos que le siguieron su ejemplo en el tiempo, muere el 19 de junio de 1996, en El Campello, pequeña población alicantina que le dio albergue, cuando se aprestaba a realizar una extensa gira por los Países Bajos. El haber desempeñado un papel destacado en ese tránsito, desde las raíces afroantillanas hasta el advenimiento del fenómeno salsero de EE.UU. lo llevaron a pedir que sus cenizas fueran esparcidas al pie de la estatua de La Libertad, en tributo a lo mucho que recibió, al ser acogido en tierra extraña.

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