Discos Peerless, ocho décadas de historia musical

La empresa que en 1933 se convirtió en el primer sello discográfico en México festeja el próximo 14 de agosto 80 años de existencia; su principal objetivo —más allá del negocio— fue siempre aportar al acervo cultural, musical e identidad del país

Azul del Olmo

8915_288605717942803_269229232_nCIUDAD DE MÉXICO, 11 de agosto 2013 (Excélsior).- A inicio de la década de los 30, tanto Gustavo Klinckwort como Eduardo Baptista tuvieron la visión de iniciar un nuevo negocio en la Ciudad de México y, sin pensarlo, su empresa fue la primera casa discográfica en México. El 14 de agosto de 1933 la fábrica de Discos Peerless abrió sus puertas y se convirtió en la  casa de las voces que dieron  una identidad a la música mexicana en el extranjero.

Pedro Infante, Toña la Negra, Agustín Lara, Celia Cruz, Antonio Badú, Emilio Tuero, Lola Beltrán, Pedro Vargas, Margarita La diosa de la cumbia, e incluso Jorge Negrete, entre otros, fueron sólo algunos de los artistas que formaron parte de las filas de Peerless y se convirtieron en acervo  histórico nacional.

Al principio fue un negocio difícil, había muy pocos reproductores, todos los materiales se importaban desde Estados Unidos, pero fue un paso muy importante en la industria aquí en México, fundamental para abrir el camino.

“Peerless fue la única (disquera) desde el 1933 hasta 1938 cuando llegó RCA y se instaló, pero obviamente todo artista que quería ser conocido y que quería grabar, pasó por Peerless. Personajes importantísimos como Agustín Lara o Jorge Negrete, que también cantó ahí pero luego nos lo ganó RCA, y qué decir en los años 40 nuestro ídolo Pedro Infante, del cual se preserva el catálogo”, recordó Jurgen Ulrich, nieto de Klinckwort.

La década de los 30 y los años 40 representaron para México el comienzo del desarrollo en diferentes áreas, desde la petroquímica, la ingeniería, la medicina y evidentemente las artes, en especial el cine y la música, que durante este tiempo avanzaron de la mano de forma simultánea.

Mientras el cine colocaba a las figuras que se consagrarían como las estrellas de la época de oro del cine nacional en pantallas gigantes, la radio se encargaba de poner sus voces en todas las frecuencias posibles que el cuadrante alcanzara. Sin embargo, los dueños de Peerless sabían que si bien se trataba de un negocio que pronto sería muy asediado, también sabían que ellos tenían en sus manos la posibilidad de esparcir la cultura mexicana y la de otras latitudes.

“El mayor reto siempre fue encontrar el artista que lo hace, es un negocio muy riesgoso porque se contrata a una persona, se invierte mucho por anticipado, se lanza al mercado y uno espera obviamente que los resultados por lo menos cubra los costos, o sea a parte de lo artístico, lo bonito, lo romántico y sentimental que es la música; en una disquera el negocio es fundamental también

“Nos dedicamos, los primeros años, a la música mexicana. Después tuvimos catálogos sudamericanos muy buenos, tropicales, cubanos, de Celia Cruz, nuestros y adquiridos, y tuvimos las mejores representaciones de música clásica. Nuestro negocio no era sólo lo económico, también era  hacer pública la cultura musical en general. Todos los temas que escuchamos, todos los artistas, los que brillaron y los que no, son parte de la idiosincracia mexicana que se fue complementando con la música clásica que tuvimos: a la Deutsche Grammophon, la Poligram, la Decca inglesa y la Harmonia Mundi, quisimos dar un aspecto total musical y cultural al país: esa fue la idea desde el fundador”, agregó Ulrich.

Fue entonces y tras 68 años cuando los avances tecnológicos y los cambios socioculturales transformaron la manera de hacer y escuchar la música. La primera disquera que existió en México se enfrentó a la piratería en una batalla que los herederos de los fundadores decidieron darle fin en 2001, cuando el jugoso catálogo de Peerless fue adquirido por Warner Music.

“La música ha cambiado muchísimo, creo que se ha simplificado, se ha vuelto más sencilla; escucho grupos norteños, tamboras, las bandas son menos elaboradas y las letras, pienso, ya no son tan completas como antes. Me parece que ya no existe el sentimiento como en muchos de esos temas de antaño.

“Antes de que decidiéramos vender, el mercado se estaba poniendo muy complicado, los medios para nosotros se fueron complicando y por otro lado entró la piratería… francamente no pudimos contra ella y decidimos en una reunión familiar, para evitarnos problemas y un descenso de la empresa, venderla. Fue la mejor opción”, dijo nostálgico Ulrich, último director de la empresa antes de que la adquiriera Warner Music.

Es con una colección de 80 discos con canciones grabadas por los artistas más importantes como Warner Music festeja los 80 años de Peerless.

Fuente: Diario Excélsior

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