Alba del Castillo “El Ruiseñor de América”

Por ÓSCAR BOTERO FRANCO *

Exclusivo para “HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE”

Libia Agudelo, Libia Ochoa, Alba del Castillo: tres nombres para la mejor soprano coloratura que ha dado Colombia.

La vida de ALBA DEL CASTILLO estuvo rodeada de una serie de circunstancias enigmáticas desde el mismo momento de su nacimiento. Aún hoy, no hay una fecha cierta de su nacimiento, pues mientras que el musicólogo Jaime Rico Salazar afirma que fue el 6 de febrero de 1935, el periodista Carlos E. Serna Serna (q.e.p.d) cita el año de 1923. También se dice que nació en Medellín (Rico Salazar, Serna Serna, Restrepo Duque), mientras otras fuentes mencionan a la población de Arma como cuna de la gran soprano lírica, entre ellos Noel Salazar Giraldo, en su libro “Canciones y Recuerdos”. Pero nos atrevemos a confirmar que LUCÍA LIBIA AGUDELO REBOLLEDO, tales son sus nombres y apellidos, sí nació en Medellín el 6 de febrero del año 35, en el siglo pasado. Y se dice que vivió en los barrios Aranjuez, Niquitao y Colón de la capital antioqueña.

Su padre fue Jesús María Agudelo, más conocido como “El Negro”, sastre y cantante de los buenos, visitante asiduo del “Bar Chapinero” de propiedad de José María Vásquez (“El Chato”) y que era administrado por Pedro León Franco (“Pelón Santamarta”). Allí se daban cita Antonio Ríos (“La Silga”), Manuel Ruíz (“Blumen”) y Jesús María Trespalacios (“El Chino”), entre otros. Otras veces la tertulia la armaban en el “Bar Americano”. Pero hay un personaje importante que entra a hacer parte de esta historia: Julián Restrepo (tenor lírico), quien en un principio hizo dueto con “El Negro” Agudelo y que posteriormente, durante una presentación en la ciudad de Pereira, donde fueron contratados para cantar en el “Teatro Estrella” (que era una carpa), conoció a Obdulio Sánchez y conformó con él un dúo que despertó  mucha admiración, ya que se destacaron como excelentes bambuqueros: “Los Trovadores”, o simplemente “Obdulio y Julián”, como se les conoció más ampliamente. Esto sucedía en 1927.

Jesús María, que había contraído matrimonio con la señora Petrona Rebolledo, madre de la soprano, murió relativamente joven, circunstancia que motivó a que una hermana de “El Negro”, la señora  María Dolores Agudelo se hiciera cargo de Lucía Libia y su educación, matriculándola en los colegios Central Femenino (luego conocido como CEFA) y María Auxiliadora, de Medellín. Por esta época, ya la niña mostraba su interés por la música. Fue así como Blanca, la abuela de la soprano Catalina Cuervo, muy amiga de la familia Agudelo, atendió la solicitud de Lucía Libia de que la llevara al Instituto de Bellas Artes de Medellín, pues ella quería estudiar música. Le hicieron una primera audición y fue rechazada, pero luego volvió a presentarse y dejó impresionados a sus examinadores, logrando que le concedieran una beca.

Sus primeros profesores fueron los maestros José María Tena (director de orquesta, español) y Pietro Mascheroni (director de orquesta y pianista, italiano), que también vivió en el barrio Aranjuez y tuvo una finquita en el corregimiento de San Antonio de Prado, donde pasaba los fines de semana. El profesor Gabriel Mejía igualmente le dio clases e inclusive la presentó en programas culturales de la Emisora de la Universidad de Antioquia. Además el  maestro Tena la llevó a presentarse en el antigüo “Teatro Junín” de Medellín (1924-1967), por el que desfilaron las más grandes figuras de la canción, el teatro y el cine, tanto nacionales como extranjeras y donde se exhibieron cientos de películas de todos los géneros. Posteriormente debutó haciendo parte de la Compañía Antioqueña de Ópera, pero haciéndose llamar LIBIA OCHOA, donde hizo el papel de Gilda en “Rigoletto” (de Verdi y Piave) y compartiendo escenario y aplausos con el barítono Gonzalo Rivera, el tenor Evelio Pérez y el bajo Jaime Trespalacios, entre otros. Otro personaje que influyó en la carrera artística de la gran soprano fue el maestro José María Bravo Márquez, quien la tuvo en el Orfeón Antioqueño.

Es de grata recordación la presentación de nuestra destacada soprano en el “Teatro Bolívar” de Medellín (cerrado en 1954), cuando cantó al lado del tenor Jairo Villa esa pieza inolvidable: “Llamada del amor indio”, de la opereta “Rose-Marie”. También hizo una temporada de gran éxito en el “Teatro Colón” de Bogotá. Luego vendrían sus presentaciones en programas radiales, especialmente en la Voz de Antioquia y sus giras al exterior. Viaja a Venezuela y se presenta en “Radio Caracas”, contratada por la Cadena Toddy y en Chile actúa con Hugo Romani e Imperio Argentina. También se dice que estuvo en  Perú, Argentina y varios países de Europa, lo cual no he podido confirmar. El caso es que ya tenía reconocimiento internacional.

Viene luego el cine y actúa en “La canción de mi tierra” al lado de Gonzalo Rivera, corría el año 1945, película que no tuvo gran éxito, ya que la crítica encabezada por Camilo Correa se encargó de destrozarla e inclusive incitaron a que fuera quemada. De esta cinta solo se conservan 40 minutos en Patrimonio Fílmico Colombiano. Sin embargo alcanzó unas cuantas exhibiciones. Es una lástima que este valioso documento no fuera conservado en su totalidad, pues además de las actuaciones de Alba y Gonzalo,  la musicalización estuvo a cargo del insigne maestro Carlos Vieco Ortiz, otra gloria de la música colombiana.

Vendrían luego las grabaciones fonográficas. Inicialmente hizo un larga duración para la disquera “Ondina” de Medellín (1961?), siendo acompañada por la Orquesta “Italian Jazz”, dirigida por el maestro Guillermo González Arenas; luego grabó otro disco extenso para “Discos Victoria” y posteriormente hizo parte del elenco que participó en “Smeraldi Musicale di Colombia” (1968?), en el cual interpreta tres temas muy colombianos pero en italiano. No podemos omitir otras grabaciones inolvidables haciendo dúos con Evelio Pérez, Hernando Muñoz y Berenice Chávez.

Jaime Rico  anota que en 1961 la empresa “Coltabaco” promovió un concurso para buscarle un nombre más artístico a Libia Agudelo o Libia Ochoa, surgiendo de allí el nombre de Alba del Castillo, circunstancia que no afirmamos ni negamos, sobre todo en lo que hace referencia a la fecha, pues desde antes ya Camilo Correa en su revista “Micro” escribía: “…Libia Ochoa (Alba del Castillo)…”, como también en otro artículo suyo en la citada revista anotaba: “Alba del Castillo (por mal nombre Libia Ochoa)…”. A propósito, en este último artículo mencionado la criticaba fuertemente por estar haciendo unas imitaciones de artistas conocidos en el “Teatro Junín”. Correa escribió: “…El arte de imitación, señorita del Castillo, es apenas un recurso para quienes no tienen nada original para explotar. Usted vale mucho cantando y a eso debe seguir dedicada”.

También se ha dicho que la propia artista escogió o le escogieron el nombre de Alba del Castillo, tomando ese apellido que también llevaba Yma Sumac (Zoila Augusta Emperatriz Chávarri del Castillo), artista con la cual la comparaban, muy especialmente por su versión de “Vírgenes del sol”, interpretación con la cual Alba del Castillo confirmó haber sido la mejor soprano coloratura que ha dado Colombia. Otros temas importantes: “La piscina de Buda”, “Siboney”, “India”, “Cuando el indio llora”, “Noche china”, “El botecito”, “Danza húngara #5”, “Al compás del Río Kwai”, “Notti Di Cartagena”, “Madrigal”, etc.

Se afirmó que muchas veces le sugirieron a Alba que se fuera de Colombia a estudiar en Europa, pues allí estaba su futuro artístico, pero la artista declinó este ofrecimiento. Cuando su salud empezó a deteriorarse viajó de Medellín a Bogotá, se sometió a revisiones y tratamientos médicos y el diagnóstico fue fatal: cáncer. El 2 de junio de 1971(o 1973 según otras fuentes), la gran Alba del Castillo emprendió su viaje a la eternidad, siendo sepultada en el Cementerio Central de Bogotá. Sin lugar a dudas, estamos de acuerdo con nuestro querido y recordado maestro don Carlos E. Serna S. al decir: “Fue lo máximo en Colombia”.

Medellín, noviembre 18 de 2017

*Periodista e Investigador musical

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